Usain Bolt sufre la derrota de su vida: vence Justin Gatlin en los 100 metros del Mundial

El jamaicano, en la última prueba individual de su carrera, se conforma con el bronce por detrás de Gatlin y de Christian Coleman

5 AGO. 2017.- La felicidad de agosto, que te zambulles en el agua, la barbacoa ya está encendida, que te echas larga siesta, se interrumpe: Usain Bolt nunca más correrá unos 100 metros. Los destellos que cada año se convertían en icono, como el rayo que cayó a su paso en el Mundial de Moscú 2013, como su sonrisa en los Juegos de Río 2016 mientras volaba, se apagaron ayer de la peor de las maneras: en su última carrera en solitario, los 100 metros del Mundial de Londres, sufrió su primera derrota en la distancia ante el adversario más odiado.

El dos veces sancionado por dopaje Justin Gatlin le venció con un tiempo de 9.92 segundos, tres centésimas más rápido que él, e incluso acabó tercero por detrás del joven Christian Coleman. El público del Estadio Olímpico le ovacionó como si celebrara, pero en su rostro se mantenía la muestra de una profunda decepción. «Quería retirarme con una victoria, pero no ha podido ser. Lo siento», comentaba el jamaicano a los micrófonos mientras Gatlin, emocionado, era abucheado, como en semifinales, como en las eliminatorias, como en los Juegos de Río 2016, como siempre. Antes de eso, el estadounidense se había arrodillado ante él para demostrar que el antagonismo que se les supone nunca ha sido un asunto personal. En carrera, sin más, no hubo relato: a Bolt le lastró como siempre una salida nefasta, pero en esta ocasión no hubo remontada extraordinaria, de los 60 a los 80 metros no ocurrió el milagro.

Al jamaicano le queda el relevo 4×100 que se disputará el próximo sábado, pero será algo anecdótico después de la desdicha que estropea su trayectoria. La imbatibilidad que le había definido desde los Juegos de Pekín 2008 se esfumó ayer y la cuestión ahora es evidente: ¿Por qué forzó sus opciones tras una temporada tan gris? ¿Fue una decisión propia?¿Le obligaron sus patrocinadores? Hasta colocarse en los tacos de salida de Londres -«los peores que he conocido», según indicó y esa incomodidad se notó-, Bolt sólo había corrido tres carreras de 100 metros este año, con resultados discretos y alguna deshonra, como el veto al canadiense Andre De Grasse en la reunión de la Diamond League de Mónaco. Incluso se había visto obligado a renunciar a los 200 metros de este Mundial por miedo a un tropiezo.

Por eso no sorprendió el accidente previo. Aunque pareció un simple aviso, en la semifinal, dos horas y media antes de la final, ya perdió ante Coleman. El propio Bolt intentaba jugar con la mente del joven al mirarle pícaro al cruzar la meta, pero resultaba que tanto Coleman como su mentor, Gatlin, estaban preparados para superarle.

El finalmente campeón, de hecho, llevaba reservándose para ello toda la temporada. A sus 35 años, después de estar fuera de la pistas por sanción entre 2006 y 2010, el estadounidense sabía que sólo necesitaba una buena actuación, nada extraordinario, para derrumbar a Bolt. La edad, sus lesiones crónicas y su pereza llevaban ralentizando al jamaicano desde los Juegos de Londres 2012 y otras oportunidades había habido. Una preparación adecuada, sin abusar de las competiciones como otras veces, sin exagerar sus propias opciones, le podían llevar a su tercer oro tras los Juegos de Atenas 2004 y el Mundial de Helsinki 2005. Y así fue Gatlin lo aprendió después de muchas derrotas y 55.000 personas en el Estadio Olímpico, como el mundo entero en sus televisiones, lo aprendieron de repente.

La sorpresa por el resultado que reflejaba el marcador silenció durante varios segundos al público de Londres que llevaba dos días volcándose con Bolt. Fue un instante extraño, el ídolo caído, que rápido se convirtió en una bella despedida. Hasta que Bolt no abandonó el recinto no dejó de escuchar un aplauso, un “One more time”, un ánimo, aunque si se prestaba atención, por debajo de esa incondicional ayuda, se escuchaba una pregunta: ¿Y ahora qué será de nosotros?

Tan magnífico ambiente evidenció que ahora el atletismo ya tiene un problema: después del jamaicano no hay nada. Pese a su derrota, Bolt se marcha con ocho oros olímpicos y 11 en Mundiales, un registro todavía ampliable -falta el relevo el sábado, recuerden- y ¿para siempre? Quienes le acompañan en esa cuenta, Allyson Felix con nueve oros en Mundiales y LaShawn Merritt, Carl Lewis y Michael Johnson con ocho ya no le alcanzarán y por detrás no hay herederos que puedan acumular medallas. Esos registros requieren de la capacidad de un velocista, que domine varias pruebas y sus relevos, y, aunque habrá que atender la progresión del joven Coleman, parece que se necesitarán décadas, siglos, quizá la eternidad. En la última década, Bolt reinventó la velocidad, descubrió el vértigo, aceleró la Tierra. Y ayer todo acabó de la peor de las maneras. La felicidad de agosto, que cae arena en el libro, comes fruta del pueblo, ya baila la verbena, se interrumpe: Usain Bolt nunca más correrá unos 100 metros.

Fuente: EL MUNDO

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