Museo de la Katrina en Saltillo, un homenaje a Posada y a México

Museo de la Katrina en Saltillo, un homenaje a Posada y a México

El Museo de la Katrina ofrece un recorrido por las tradiciones mortuorias de México, así como la imagen de La Catrina, creada por el ilustrador José Guadalupe Posada. (ESPECIAL)

“Es un paseo por el México mágico y lleno de colores con la catrina; también tenemos otras salas de exposición donde hablamos de la cocina tradicional mexicana y de la fotografía post mortem”, contó a Notimex la directora del recinto, Cynthia Fuentes.

A la entrada de este espacio cultural creado el 2 de noviembre de 2009, el cual cumplirá 9 años, recibe a los visitantes Doña Petra Escamilla de Anda, quien nació en 1801 y murió en 1864, y ahora es una momia en un ataúd de cristal, la cual fue localizada en 2007 en San Antonio de las Alazanas, en Coahuila.

“Es única en el mundo porque de la mitad del cuerpo está acerada, ya que en su mausoleo entró un panal de abejas y la llenó de cera y miel y se petrificó; mientras que de la cintura a los pies está completamente momificada, se pueden apreciar los músculos, la piel, los huesos, las uñas y parte de la ropa”, explicó.

Frente a ella se encuentran un par de catrinas, en un espacio dedicado al grabador José Guadalupe Posada, quien nació en 1852 y murió en la Ciudad de México en 1913, quien criticaba a la gente de dinero y de poder; así como a la religión; y cuyas imágenes ilustraban libros, revistas y periódicos.

“Hizo más de 20 mil grabados, fue muy prolífico, pero muere tan pobre y humilde que lo entierran en la fosa común, nadie sabe dónde quedaron sus restos, nunca fue reconocido en México hasta que Diego Rivera hace el famoso mural ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central y pinta a esta calavera”, señaló el actor de ‘Noches de Leyenda’, Erick Morales.

El esposo de Cynthia, también directivo del museo, recordó que el grabado más importante de Posada es La Calavera Garbancera (ahora Catrina), ya que criticaba al gabacho, que era el francés en la época del Porfiriato, durante la cual las mujeres usaban esa moda en la que destacaban sombrero, plumas, flores, velos y estolas.

En el museo, ubicado en Ignacio Allende 720, en el Centro Histórico de Saltillo, se exhiben los sombreros que utilizaban las catrinas, o las mujeres “fufurufas”, como también se les llamaba porque se creían “las muy muy”; así como joyería y camafeos, los cuales son originales y les fueron donados, mencionó Cynthia.

“Tenemos la representación de una boda del Porfiriato, en donde entre más ostentación hubiera era mejor para la sociedad. Hay un altar de iglesia original, traído de San Miguel de Allende, Guanajuato, de más de 200 años, tiene hoja de oro; y se representa a los novios, el sacerdote, la suegra, las damas de honor y hasta un perro”, señaló.

Todos esos personajes a modos de catrinas hechos por Cynthia, quien las realiza con papel mache, cartonería y también les diseña el vestuario, y le lleva cuatro días para hacer una catrina grande de alrededor de 1.90 metros de altura, trabajando ocho horas diarias.

“Empecé a hacerlas hace 20 años, tenemos aproximadamente 70 u 80 catrinas, varían porque se venden o se van de exposición a otras partes de la República o del mundo, constantemente estamos cambiando la sala de exposición y los temas del museo”, comentó.

Al ingresar a otra habitación sobresale en una pared la pintura que emula a una fotografía post mortem, lo cual impacta aún más cuando los visitantes se percatan de que los protagonistas son los dueños del museo, junto con sus tres hijos: Erick Jr., Valeria Morales y Sofía.

“En los inicios de 1900, durante la Revolución, era muy común este tipo de foto, a todos los acomodaban sentados o de cierta manera para que se viera toda la familia reunida; como no hemos encontrado ninguna original, decidimos que nos pintaran a nosotros, nos acomodamos y un pintor (Heriberto Gómez) nos dibujó como si estuviéramos muertos”, platica Erick.

A un lado se hallan actas de defunción pintorescas tomadas del registro civil, las cuales surgen en una época en donde no existían los médicos legistas y estaba prohibida la autopsia, por lo que el notario plasmaba lo que la gente creía que había sido la causa de muerte: espanto, maleficio y mal de ojo.

Además, tienen esquelas, la más antigua de 1888, las cuales se imprimían en tela y se entregaban como invitaciones, máximo 15, y se contrataba a un poeta para que escribiera el pensamiento plasmado, todas ellas para el Panteón San Esteban, el primero que existió en Saltillo.

“Estas coronas son post mortem representan también que cuando moría una novia recién casada, antes de casarse o a los pocos días de ello, su ajuar se encapsulaba para que el pensamiento bueno se quedara con la familia”, platicó Erick sobre otros objetos, entre ellos los ex votos, en donde se plasma la fe.

El museo cuenta con una cocina tradicional mexicana de ladrillo cuachota y talavera, en la cual destaca el artefacto denominado garabato (rectángulo de acero), colocado en la parte de arriba en el cual se colgaban los alimentos y es justo de donde se desprende la frase “un ojo al gato y otro al garabato”, ya que había que cuidarlos de que se mantuvieran y que los animales no los devoraran.

Durante los periodos vacacionales el museo abre diario de las 10:00 a las 19:00 horas, durante el cual se realizan recorridos normales, pero al caer la noche la dinámica cambia: se apagan las luces y alumbrados con lámparas tipo quinqué, comienzan los sustos para los visitantes.

“Las noches de leyenda”, realizadas a las 19:00, 21:30 y 24:00 horas, es un espectáculo de teatro, un monólogo a cargo de Erick Morales, quien, caracterizado, relata las leyendas más tenebrosas de Satillo.

Nos narran que ellas una vez hicieron que una visitante lanzará a su bebé en brazos, el cual por fortuna fue cachado por otra persona detrás; y que un niño que fungía de chaperón de su hermana se hiciera del baño en los pantalones; además, mientras Notimex hacía el recorrido la luz se fue de repente, lo cual dicen, es algo que ocurre con frecuencia.

Para pasar “el susto” después de los relatos se incluye un chocolate de metate que prepara Cynthia, y pan artesanal elaborado en horno de piedra que adquieren en un local cercano, pero en esta época se ofrece el tradicional pan de muerto.

Por último, Erick mostró la sala que sirve como teatro y debajo de un petate se encuentra una puerta de madera que es el acceso a un túnel, mediante el cual se podía llegar a otro terreno, pero tuvieron que cerrarlo cuando la casa a la que daba cambió de dueña, por lo que ahora sólo sirve de sótano.

Fuente: El Siglo COAHUILA.MX

Moises Montes

Administrador del portal http://peninsulaapeninsula.com

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