Naomi Osaka, la nueva reina del tenis mundial

Naomi Osaka, la nueva reina del tenis mundial

Con raíces haitianas y japonesas, a sus 21 años ya ganó un US Open y un Abierto de Australia.

La japonesa se paseó el domingo pasado por las playas de Melbourne, Australia, mostrando el trofeo de campeona.

Nadie llegó a imaginar que un amor prohibido iba a desembocar en el nacimiento de una estrella del tenis mundial. Leonard François, un haitiano de nacimiento y neoyorquino por adopción, conoció a Takami Osaka, una japonesa arraigada a su cultura, en sus años universitarios en Sapporo, ubicada en la isla de Hokkaido, al norte de Japón, una de las zonas más conservadoras de esa nación.

Esta relación no contó con la aprobación de los padres de la novia, pero fue más fuerte el cariño de estos jóvenes enamorados, quienes luego de contraer matrimonio se trasladaron a la ciudad de Osaka para comenzar una vida juntos.

Esta luchada unión iba a dar a luz a Mari y Naomi, sus dos preciadas hijas y por quienes Leonard y Takami trabajaron incansablemente por darles todo su amor y ponerlas a vivir con las mayores comodidades posibles. La pequeña Naomi es hoy la nueva reina de la WTA y una de las jugadoras con mayor proyección del circuito: la ‘Serena japonesa’.

El nacimiento de esta estrella del tenis mundial comenzó cuando su padre, un amante de este deporte, vio jugar a las hermanas Serena y Venus Williams y conoció del proyecto que su papá, Richard, utilizó para convertirlas en las jugadoras más implacables del circuito. Entonces, tomó la decisión de mudarse a Nueva York para realizar el mismo despliegue con sus hijas.

Radicado en Estados Unidos, Leonard decidió estudiar para ser entrenador de tenis y aplicar el ‘método Williams’ con Mari y Naomi, quienes rápidamente le fueron tomando amor a este deporte hasta tener una rivalidad entre ellas. “No me gustaba darle a la pelota. Lo que quería era ganarle a mi hermana. Y no paré hasta conseguirlo”, declaró Naomi en una entrevista al prestigioso diario estadounidense The New York Times.

Sin embargo, a Naomi le seguía faltando algo para poder desarrollarse de la mejor forma en este mundo. Es por eso que les pidió a sus padres mudarse a la Florida, que tiene una fuerte presencia en el tenis. Allí acudió a una academia y terminó de pulir aspectos básicos que necesitaba para este deporte. Y aunque siempre soñó con emular los pasos de su gran referente, Serena Williams, nunca imaginó que iba a lograr tener en sus vitrinas a los 21 años dos títulos de grand slams: el US Open 2018 y recientemente el Abierto de Australia.

Mestizaje

Naomi es una aventajada. Tiene la serenidad de la cultura, la ambición de la estadounidense y la alegría haitiana. Este mestizaje la convierte en una jugadora diferente al resto en el circuito femenino. Es una atracción en el tour, porque casos como el suyo no se ven todos los días en el tenis mundial.

“Aunque crecí en una casa haitiana, mi madre es japonesa, así que también me crié en esa cultura. Pero supongo que como he vivido en América (Estados Unidos), también tengo esa parte”, aseguró, y enfatizó: “de la cultura joponesa me gusta todo. Me encanta la comida, todo el mundo es muy simpático. Ahora, si conoces a una persona haitiana, te darás cuenta de que ellos son muy positivos. Si tienes un amigo de Haití, hará todo lo que esté a su alcance por ti”.

Sin embargo, aunque tiene un gran aprecio por Japón y juega con pasaporte de ese país, aún no es la mejor con su idioma. Se le dificulta hablarlo, aunque dice entenderlo. “Cuando llego a Japón, la gente se extraña mucho. Entiendo el idioma cuando me hablan, pero no lo hablo muy bien. La gente se sorprende, con esa condición, además porque no esperan una chica negra japonesa”, aseguró Osaka en el 2016 en una entrevista reproducida por la página puntodebreak.com.

Ese no es un problema para Naomi, quien ya es la mejor jugadora japonesa de todos los tiempos y nueva número uno del mundo. Ella se está convirtiendo en una celebridad en su país de origen, y su mezcla explosiva la ha llevado a ser una embajadora global para cualquier marca. Todos quieren una foto o que impulse sus empresas.

Con 21 años, es calmada, tímida y poco expresiva. Pero aún es una niña en un circuito enorme. Sin embargo, su sonrisa sí es un reflejo de la felicidad que siente por haber conseguido grandes triunfos, con los que empieza a ver cumplidos sus sueños de infancia, por los que trabajó desde cuando su papá la invitó a tomar una raqueta y ella decidió convertir el tenis en su vida.

Su debut

Tan pronto llegó al circuito, con apenas 16 años, siendo la 406 en el escalafón mundial, Naomi derrotó a Sam Stosur, la primera rival de peso que cayó en sus redes.

Quienes conocen su estilo de juego le destacan que es una tenista consagrada y los golpes precisos, arriesgados, potentes e imaginativos que, por gusto propio, siempre van a los ángulos. Es capaz de dar un golpe cruzado desde el fondo de la pista en medio de un duro peloteo.

En el 2015, alcanzó su primera final en el torneo de la WTA en Hua Hin, en Tailandia, y su ascenso comenzó a consolidarse en el 2016. Ganó el WTA Rising Stars de Singapur, evento al que asistió tras ser votada por miles de seguidores, y en Melbourne, donde derrotó a jugadoras como Donna Vekic y Elina Svitolina, convirtiéndose en la sensación del torneo.

Una de las claves de su explosión fue la incorporación el año pasado del alemán Aleksandar Bajin a su equipo. Este técnico entrenó muchos años a Serena Williams y a Caroline Wozniacki. Su misión era hacer de Naomi una campeona, y así fue: la convirtió en la ganadora del US Open, en la primera japonesa en ganar un grand slam.

El juego con Serena

Serena Williams la inspiró a ser tenista. Todo el proyecto que le armó su padre fue con la imagen de la estadounidense. Anhelaba conocerla, soñaba con pararse en una cancha, sin importar el torneo, para enfrentarla y compartir algunas voleas con ella. Lo que nunca llegó a pensar fue que ganaría el US Open, su primer grand slam, superando a su superheroína. Y lo hizo en Nueva York, ciudad a la que llegó con 3 años de edad y casa de Serena.

“Serena, te amo”, fueron las palabras que dijo Osaka cuando accedió a la final del torneo, al eliminar a la local Madison Keys y teniendo conocimiento que iba a enfrentar a la Williams.

Ese partido por el título estuvo enmarcado por las polémicas reclamaciones que Serena le hizo al umpire (árbitro) a lo largo del partido, por lo que fue sancionada y estuvo cerca de ser descalificada. Sin embargo, esta situación anómala no desconcentró a Osaka, que mostró un tenis brillante.

Ese gran triunfo fue un momento único para ambas jugadoras. Serena, de 36 años en ese momento, y que estuvo incómoda todo el juego, no paró de llorar una vez perdió la final. Al ver esto, Osaka no pudo evitar las lágrimas, porque le había ganado.

“Me sentía mal. Ella (Osaka) acababa de ganar y estaba llorando. Pensé: ‘así no es como me sentí cuando gané mi primer grand slam’. Definitivamente no quería que ella se sintiera así. Tal vez fue la madre en mí que dijo: ‘Escucha, acá tenemos que hacer un esfuerzo juntas’ ”, reconoció Serena, quien le levantó el ánimo a la nueva campeona del US Open y le hizo esbozar esa sonrisa tímida, pero enorme, a Osaka, que por fin pudo disfrutar su momento: ¡con 20 años ganó un grand slam!

Osaka ya ha cumplido muchos de sus sueños de infancia. A sus 21 años es poseedora de tres títulos, dos de ellos de grand slam, y esta semana, tras enfrentar y vencer a su referente, esta tímida japonesa, producto de un amor prohibido, se convirtió en la nueva número uno y promete ser, con su raqueta y estilo de juego, la reina del tenis mundial para rato. Sin duda, se vienen años de dominio total para la asiática, que pinta para ser una de las mejores de la historia.

Fuente: EL TIEMPO

Moises Montes

Administrador del portal http://peninsulaapeninsula.com

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