Las edades de la nutrición, de 0 a 3 años: los cimientos de la salud

Las edades de la nutrición, de 0 a 3 años: los cimientos de la salud

El periodo lácteo –así llamado por ser la leche el único alimento con el que se nutre el bebé– resulta de vital importancia para la salud y posterior desarrollo del niño. Sea leche materna o artificial, conocer a fondo ambas posibilidades definirá su óptimo aprovechamiento.

Los primeros mil días de desarrollo del ser humano son considerados como una oportunidad para favorecer el crecimiento y la salud adecuados, no solo en los meses inmediatos, sino también en la futura edad adulta. Desde el nacimiento hasta los 4 o 6 meses, aproximadamente, el bebé es capaz de succionar y deglutir, pero aún no ha desarrollado la capacidad de digerir ciertas proteínas y sus riñones no están completamente desarrollados. El intestino también sigue evolucionando a lo largo de esos primeros años: en ese tiempo, se produce la maduración de la función de digestión y de absorción. Lo mismo ocurre con los demás sistemas y órganos vitales, como el cerebro, el hígado o el sistema inmunitario, entre otros, que van alcanzando su madurez desde la etapa fetal hasta los 2 años.

Por eso, las estrategias de alimentación y de hábitos saludables durante estos primeros meses de vida resultan determinantes. “Se calcula que los genes son responsables, como mucho, del 20% de nuestra salud a lo largo de la vida, y que al menos el 80% del riesgo de presentar una enfermedad no trasmisible se debe al entorno y a elementos como los hábitos de vida y la nutrición”, explica la doctora Marta Cabrera Lafuente, neonatóloga del Hospital Universitario La Paz, de Madrid.

Lactancia materna, buena para la madre…

Para la experta del hospital La Paz, la leche materna –además de ser un alimento que no precisa fabricación, envase ni transportes, con la consiguiente redución de las emisiones, de los residuos y del consumo de energía– tiene numerosas ventajas para la salud de la madre. Estas son algunas, según la doctora.

Favorece la involución uterina y disminuye la hemorragia postparto.
Retrasa la ovulación: eso no quiere decir que sea un método anticonceptivo eficaz, pero ayuda a espaciar las gestaciones.
Contribuye a la pérdida de peso tras el embarazo.
Reduce el riesgo de cáncer de mama, ovario y útero.
En madres sin historia de diabetes gestacional, la duración del amamantamiento está asociada a una disminución del riesgo de diabetes tipo 2.
Reduce la incidencia de enfermedad cardiovascular y de osteoporosis. Además, poner al bebé al pecho fomenta un mejor establecimiento del vínculo afectivo.

… y para el bebé

La lactancia materna también repercute positivamente en la salud del bebé. Es un alimento equilibrado para las necesidades metabólicas y nutricionales del recién nacido en cuanto al aporte de hidratos de carbono, proteínas y grasas, además de oligoelementos, minerales y vitaminas. Asimismo, es capaz de variar su composición con el tiempo de lactancia y durante la toma, como apunta la doctora Marta Cabrera.

El calostro, la leche que se produce en las primeras 48 horas tras el parto, constituye “la primera vacuna”: en las primeras 24 horas, el recién nacido recibe unos 300 mg de la llamada IgA secretora, una inmunoglobulina presente en secreciones salivales, respiratorias y digestivas, que actúa como barrera protectora impidiendo que los virus o las bacterias penetren en la sangre. El calostro también tiene un efecto prebiótico, favoreciendo el crecimiento de lactobacilos e impidiendo el de bacterias patógenas, así como estimulando los movimientos intestinales. El estómago del recién nacido tiene poca capacidad y, en sus primeras 24 horas de vida, puede saciarse con 1,5 ml por toma, cada 2 o 3 horas. Ese calostro da paso a la leche de transición, hasta los siete días después del nacimiento y, posteriormente, la leche madura.

Según la neonatóloga Marta Cabrera, las proteínas de la leche materna se toleran y absorben mejor. “Los ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega 3 y 6, implicados en el desarrollo neuronal y retiniano, son más abundantes en este tipo de alimento”, explica la experta. Su elevada concentración de oligosacáridos favorece el crecimiento de bifidobacterias intestinales beneficiosas, actuando como agentes prebióticos.

Entre otros múltiples componentes –como factores de crecimiento local, citoquinas, vitaminas, minerales, hormonas o péptidos antimicrobianos– podemos destacar los nucleótidos: nutrientes esenciales para el lactante que estimulan el sistema inmune del tracto digestivo, favoreciendo el crecimiento del mismo y la reparación de cualquier posible daño. Además, mejora la absorción del hierro y regula el metabolismo de los lípidos. La lactoferrina, por su parte, que se encuentra en mayores concentraciones en la leche materna, actúa como antimicrobiano y protege de las infecciones del tracto digestivo. Modula el sistema inmune, tiene propiedades antiinflamatorias, favorece la absorción de calcio y su fijación al hueso, y también la absorción del hierro.

Es importante que la madre sepa que no se pueden ofrecer suplementos (agua, suero glucosado u otros líquidos) a los bebés, salvo que estén indicados por el médico.

¿Un adulto tendrá mejor salud si ha sido alimentado con leche materna?

La comunidad médica no alberga dudas al respecto, según Marta Cabrera, neonatóloga del Hospital Universitario La Paz. La lactancia materna reduce el riesgo de desarrollar enfermedades propias de la edad adulta. La OMS recoge alguno de los estudios que avalan estas ventajas, como La lactancia materna y el uso de la leche humana, publicado por la Asociación Americana de Pediatría, que ofrece los siguientes datos:

Disminución de la tasa de obesidad entre un 15-30% en adolescentes y adultos. Los lactantes alimentados al pecho autorregulan el volumen de la toma, y se cree que es esta autorregulación temprana la que adecuará la ingesta del adulto y la ganancia de peso.
Se ha encontrado un 30% menos de diabetes mellitus tipo 1 en lactantes alimentados exclusivamente con leche materna. Otro estudio de la Sociedad Americana de Nutrición apunta una disminución del 40% en la incidencia de diabetes mellitus tipo 2 (primera causa de insuficiencia renal terminal).
Se ha encontrado un efecto protector de la lactancia materna frente a la leucemia infantil y el linfoma.
Mejores puntuaciones en los test de inteligencia verbal y del desarrollo cognitivo en pacientes alimentados con leche materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida.

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Moises Montes

Administrador del portal http://peninsulaapeninsula.com

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